blog

Los celos son una señal que me informa del peligro de perder el cariño del ser querido por la presencia de un tercero. Es la sensación de sentirme excluido y abandonado. El sentimiento es doloroso. La señal, si aprendemos a procesarla, puede enriquecernos.

¿Los celos son una enfermedad?

Los celos son el dolor y el temor de perder el amor del ser querido como consecuencia de la relación que establece con otra persona. Por lo tanto los celos son una emoción universal que, de una forma u otra, todos hemos sentido, y por eso mismo es necesario diferenciar los celos normales de los patológicos. Los criterios útiles para distinguirlos son, por un lado, el tipo de estímulo que los detona y por otro, la manera en que reacciono cuando los siento.

Para comprender mejor el primer punto pongamos un ejemplo de una relación de pareja. Si siento celos al ver a mi mujer besando apasionadamente a un hombre, es una cosa; si los siento al verla saludar amablemente a un compañero de trabajo, es otra muy distinta. Estas situaciones muestran claramente dos extremos y, entre ambos, se ubica toda la gama de posibilidades intermedias. En algunas de ellas suele ser muy difícil la distinción. Y ahí es donde cobra especial relevancia el segundo factor: la manera de procesar y reaccionar ante los celos.

Para hacerlo más claro utilizaré dos respuestas extremas: cuando siento celos puedo reaccionar con intensa violencia y cometer un crimen pasional o puedo abrir un diálogo con mi mujer en un momento apropiado en el que pueda reconocer e incluir esta emoción con claridad y respeto. También acá, entre estas dos reacciones extremas, existe una vasta franja de conductas intermedias. Resumiendo lo dicho entonces: cuanto más pequeño el estímulo y más intensa y destructiva la reacción, más se inclina la balanza hacia lo patológico…

¿Los celos son una emoción negativa aun cayendo dentro de la franja de lo normal?

Los celos son una señal que me informa acerca del riesgo de perder el cariño del ser querido. Y esa señal la siento como dolor, como sensación de estar excluido, de no ser tenido en cuenta, de sentirme abandonado… de modo que efectivamente la señal es dolorosa pero eso no quiere decir que la emoción sea negativa.

Asumir que siento celos y abrir ese tema con mi pareja sin duda no es fácil ni grato, pero si ambos estamos en condiciones de hacerlo, permite conducir la mirada a un balance global de la relación; es decir que podamos pensar en qué es lo que está faltando, qué ha sido descuidado o se ha perdido… y eso puede desembocar en diferentes desenlaces: ya sea que ambos descubramos el deseo de reconstruir y fortalecer la relación, o que decidamos separarnos.

¿Los celos se sienten sólo en la pareja?

No, se pueden sentir entre hermanos por el cariño de los padres, entre padres e hijos, entre amigos, compañeros de trabajo, etcétera.

En esta época en la que son habituales las relaciones entre personas que están divorciadas y tienen hijos, se presentan frecuentemente los celos con la expareja y con los hijos que ya tiene la pareja actual. Por supuesto que cada situación tiene el matiz propio de las personas (y sus roles) que están en juego. Son distintos mis celos por el hijo de mi pareja, que por su ex, que por un compañero nuevo de trabajo… Hay vínculos que ponen en riesgo masivo mi presencia —como es el caso de una nueva relación— y otros que, si bien no me sustituyen en mi rol, frustran mi deseo de ser el centro y el primero en el “ranking” de sus afectos y su dedicación. Este punto es muy importante y lo ampliaremos cuando describamos “el deseo de ser la única fuente de bienestar para el otro”.

Como vemos lo esencial en los celos es que esté el temor de perder —en un grado variable— el afecto del ser querido por la presencia de un tercero, y eso se da en muchas áreas.

¿En la pareja siempre se cela lo mismo?

Si bien lo más frecuente es la sexualidad, no es lo único que se cela. Uno siente celos en relación con aquellas áreas en las que se siente más inseguro y eso puede ser la intimidad afectiva aunque no haya sexo, el área intelectual, el gusto por la música, la sensibilidad psicológica… o lo que sea. Entonces imagino que ese tercero le va a brindar a mi pareja todo aquello maravilloso que yo quisiera tener y no tengo. Esto es particularmente torturante porque mi rival no es entonces alguien “de carne y hueso”, sino la imagen viva de lo que yo querría ser.

¿El amor de pareja no necesita de los celos?

No es que el amor de pareja necesite de los celos. Lo que la pareja necesita es autonomía psicológica de sus miembros, es decir que cada uno tenga una cuota satisfactoria de vida propia y que ambos crezcan en el vínculo. En ese contexto es posible que se den momentos en los que uno tema perder el cariño del otro a partir de algo que está haciendo o viviendo. Si ese temor es leve y la pareja lo puede procesar bien se convierte en un sabroso condimento de intensidad que recuerda que se pueden alejar pero que eligen seguir estando juntos. Y es un condimento porque los seres humanos percibimos contrastes. Si pongo un dedo en agua tibia la sentiré como tal los primeros segundos, luego dejo de percibir la tibieza. Si en ese momento lo coloco en agua fría un instante y vuelvo a ponerlo en la tibia, podré percibir otra vez la tibieza del agua. Y éste es el modo de ser de la percepción. Es bueno recordarlo porque así es como funcionamos también en las relaciones personales. Cuando siento que puedo perder el cariño que recibo, eso mismo me ayuda a valorarlo.

¿Hay personas que disfrutan de despertar celos?

Sí, las hay. Cuando se convierte en una necesidad entra en la franja de lo patológico.

Quien disfruta despertando celos es siempre un celoso. Por una parte siente que si el otro lo cela no es él el celoso, y además a través de los celos le llega el reconocimiento de que es tenido en cuenta por el otro. “Si me cela es porque le importo.”

Es un típico ejemplo de lo que es abusar del condimento. Como todos sabemos, para que enriquezca el sabor de la comida debe estar presente en su justa medida, si no termina arruinándola. Con los celos ocurre lo mismo.

 

Si amar es desear la felicidad del otro,¿quien cela puede amar plenamente?

El celoso ama hasta donde puede y como puede. Es un amor con características infantiles. El niño ama a sus padres y puede hacer un gran berrinche porque están atendiendo a su hermanito…

Para comprender los temas del amor es necesario incluir la noción de grados y de niveles de crecimiento. Por lo tanto hay amores más infantiles y otros más adultos. Naturalmente, cuanto más crecido, más pleno es el amor.

¿Pueden los celos funcionar como profecía autocumplida?

Sí. Y no por algún castigo mágico. Simplemente porque si quien cela produce reacciones que van dañando al vínculo, es ese deterioro el que va produciendo alejamiento… Y una de las consecuencias del aleja miento es que aparezca una nueva relación.

¿Todos los celosos reaccionan en la misma forma?

La vivencia central de sentirse excluido y abandonado es muy semejante pero puede cambiar la forma de expresión, y eso depende de la personalidad de cada uno.

Si es introvertido e hipersensible lo más frecuente es que se retraiga, se distancie emocionalmente y acumule enojo retenido. Si es expansivo extrovertido puede hacer una escena de celos y tener actitudes de buscar pruebas: mirar bolsillos, revisar el correo, entre otras.

La raíz del problema de los celos:

La causa más importante es el sentimiento de autodesvalorización. Este es un término muy utilizado y vale la pena entonces describir la intimidad de ese estado y cómo se llega a él. Todos albergamos rasgos de nosotros mismos que no nos gustan. Me puedo sentir temeroso, dependiente, triste, inseguro y lo más frecuente es que sienta rechazo hacia esas características mías. Ese rechazo es normal y necesario. Lo que produce problemas es la forma de sentir ese rechazo. Si el rechazo se manifiesta como autorreproche y descalificación, la consecuencia inevitable es que me sienta no valioso. Si yo pienso de mí que soy un inútil y un incapaz es natural que crea que los otros van a sentir lo mismo hacia mí.

Cuando vivo en esa atmósfera interior me costará creer que, por ejemplo, mi mujer o mi marido me valore y me quiera. Esta es, sin duda, una situación difícil que produce mucha insatisfacción porque necesito que los demás me demuestren con sus acciones que sí soy valioso, y me convierto en un esclavo de sus opiniones… y cuando el reaseguramiento llega me cuesta creerlo, por que me digo: “Hacen esto porque no me conocen, si me conocieran como yo me conozco no lo harían…”.

Este estado es de debilidad psicológica, y quedaré entonces predispuesto a tomar cualquier situación ambigua como confirmación de ese desamor tan sospechado y temido. Así es como se generan los celos patológicos…

La desvalorización y la dependencia emocional son las causas psicológicas profundas de los celos excesivos, y hasta que no se resuelvan los celos continuarán porque son su consecuencia.

¿Cómo se curan los celos?

Yendo a la raíz que los genera, que es el autorrechazo destructivo. En general, es normal y necesario que uno sienta autorrechazo hacia partes de uno mismo porque ése es el modo primario en que se expresa el deseo de cambiar algo. Lo que no es necesario y es verdaderamente dañino es el modo destructivo del rechazo. El autorrechazo es destructivo cuando en lugar de transformar aquello que rechaza lo lesiona más.

El autorrechazo destructivo, es la base del sufrimiento psicológico humano en un plano general, y de los celos enfermizos en este caso particular.

Cuando uno ha dejado de ser su propio enemigo y ha aprendido a autoasistirse inicia un camino de aprendizaje y crecimiento. En ese proceso se van realizando gradualmente las transformaciones interiores deseadas y uno va ganando en confianza e integridad, que es lo que permite, entre otras cosas, la disminución de la dependencia emocional. Es sólo desde este estado que uno puede sentir y decir: “Esta es la relación que tengo con mi mujer (o marido), podemos conversar todo lo que sea necesario para optimizarla y estoy disponible para eso porque la quiero. Pero si ella ha dejado de quererme es mejor reconocerlo y separarnos. Sin duda va a ser doloroso pero es mejor para los dos. Me siento en condiciones de tener una relación de amor recíproco, eso es lo que quiero tener, y en esa dirección quiero ir”

Esta actitud es la que cura los celos enfermizos desde su raíz misma.

Se puede pensar que es una actitud “separatista” pero es todo lo contrario; la posición de no dependencia emocional y de integridad es la que crea las mejores condiciones posibles para que la relación produzca su mejor intercambio.

Los seres humanos podemos aprender a autorrechazarnos de un modo resolutivo que logre transformar efectivamente lo que nos desagrada de nosotros mismos, sin dañarnos. Es un aprendizaje y, como tal, es un proceso.

¿Hay alguna otra causa, además de la autodesvalorización?

Sí. Es derivada de la anterior pero podemos mirarla en sí misma. La persona celosa siente que necesita ser todo para el otro; ser todo quiere decir ser la fuente de satisfacción y bienestar para el ser querido, cubrir todas las áreas. Si hay un área que no cubre y la mujer (o el marido) admira a un tercero, el celoso sien te que él no es nada para el otro, que desaparece en su reconocimiento y valorización. Esta reacción de exclusión y abandono es muy dolorosa y ahí aparecen los reproches y los reclamos que envenenan la convivencia.

Por esta razón es muy conveniente que la pareja converse —cuando están bien y con calma— acerca de las áreas de afinidad y de las zonas en las que no hay encuentro, desde algo tan simple como que a uno le gusta el deporte y al otro no, hasta aquellas cuestiones más íntimas y de mayor envergadura… Y comiencen a familiarizarse con el hecho de que ninguno puede abarcar ni cubrir todas las áreas del otro. Si bien es cierto que cuanto más complementariedad, mejor; también es cierto que en nuestra dimensión humana lo más frecuente es que tengamos que convivir con áreas complementarias y otras que no lo son…

La idea es lograr comprender por lo tanto que la fortaleza de un vínculo no reside tanto en la complementariedad total sino más bien en disfrutar de aquellas áreas compartidas y en respetar sin reproches aquellas partes que no se complementan.

¿Por qué, sabiendo que es imposible, uno quiere ser todo para el otro?

En parte es una creencia bastante generalizada y por lo tanto el simple hecho de hacerla conciente ayuda a revisarla y actualizarla. Además, existe un mecanismo psicológico que la sostiene y es que “ser todo para el otro” es una forma extrema de asegurarme que no seré abandonado, y cuando soy muy dependiente emocionalmente puedo apelar a recursos tan extremos y distorsionados como éste para lograrlo.

Lo que ayuda a disolver el querer ser todo para el otro es reconocer la especificidad de cada relación.

Lo que sentí con mi pareja anterior fue hermoso y específico de ese intercambio que producíamos… Ahora ella tal vez esté sintiendo con otro hombre otras vivencias y otras facetas de sí misma sin que eso menoscabe lo que experimentamos juntos, y yo por mi parte, en mi actual pareja, también estoy viviendo una calidad de emociones que son propias de esta relación, es decir, que han nacido con ella…

Lo que hay de interesante en este tipo de reflexión es que no está ni la exclusividad como un valor prioritario ni esa forma de comparación en la que la calidad de una relación va en desmedro de la otra. De este modo a cada vínculo se lo puede apreciar en lo específico que posibilita.

¿Qué papel juega la posesividad en el querer ser todo para el otro?

Querer poseer a la pareja es una de las distorsiones más frecuentes de esa relación. Incluso se confunde con el amor. “Quiero poseerte porque te amo…” Lo perturbador de esta actitud es que trata a la pareja como si fuera un objeto y le impide su vida propia, y quien recibe ese trato percibe su deseo de autonomía con culpa y siente que termina viviendo en una jaula de oro.

El posesivo teme perder al ser querido e intenta retenerlo convirtiéndolo en un objeto poseíble. La raíz de esta actitud es la inseguridad.

Y no es que al posesivo le guste serlo. Eso es en apariencia. También padece mucho. Y padece porque lo que intenta es irrealizable, porque cosecha resentimiento de parte del enjaulado, y porque no accede a otro plano de relación en el que el vínculo se sostiene a partir de la libre voluntad de ambos. Esa es la dicha del encuentro y el posesivo no conoce esa calidad de relación.

Algunas personas sienten celos retrospectivos. ¿Cuál es la causa?

Es la misma necesidad de ser todo para la pareja que sufre cuando comprueba que en el pasado el ser querido ha experimentado disfrute con otra persona. El extenderse al pasado es una señal que muestra la fuerte presencia que tiene en esa persona la necesidad de ser único y exclusivo como fuente de reaseguramiento en la valorización y el afecto.

¿Qué lugar ocupa el anhelo de fusión en el deseo de ser todo para el otro?

El deseo de fusión con la pareja es un sentimiento muy fuerte. Es el deseo de disolver la percepción de sí mismo como una identidad separada y sentirse una unidad con el otro. Esta vivencia es extática, y es lo que en el fondo se busca en la culminación orgásmica de la experiencia sexual. Es maravilloso poder sentirlo y es necesario saber también que es transitorio. Que luego se retorna a la percepción de la identidad individual separada y que la relación continúa desde ahí. Ese retorno no es fácil, es volver de una identidad expandida e ingresar en los límites de “la propia piel”. Es necesario aprender a transitar por los dos estados… a ir y volver…

Este retorno se hace más difícil cuando no me siento bien conmigo mismo, dentro de mi piel. Entonces puedo intentar forzar la vivencia de fusión con el otro para permanecer en ese “domicilio” que me resulta más grato de habitar. Ser todo para el otro y que el otro lo sea para mí se convierte entonces en otra forma —en este caso, distorsionada— de acercarme a esa vivencia de fusión de las identidades.

1 comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario