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Fluir y ser Flexible vs. Rigidez

El permitirte fluir o ser flexible con el entorno es una llave maestra que te permite un disfrute constante. Si tu propósito o el camino hacia él es rígido, traerá sufrimiento.

A veces podemos creer que la fuerza requiere tenacidad y voluntad rígida y que la flexibilidad o adaptación es sinónimo de vulnerabilidad y/o debilidad. Sin embargo, si observas la naturaleza, comprenderás que el sistema más flexible es el que domina, el organismo con mayor poder de adaptación es el que sobrevive. La fuerza no es sinónimo de rigidez, todo lo contrario, el verdadero poder personal o fuerza interna surgen de una sensación de equilibrio y cooperación mutua con el entorno. Ese equilibrio con el entorno surge como reflejo de un equilibrio interno en cada uno de nosotros.

¿Qué sucede cuando dentro de nuestra propia personalidad percibimos mensajes contradictorios, confusos, que luchan entre sí, que se contraponen, se culpan, se castigan o enojan mutuamente?

Pues que ese es el reflejo que nos muestra el entorno y de ese modo la vida se convierte en “una lucha”, o un “no vale la pena”, o un “demasiado difícil”, etc.

Todo esto parte de una sensación interna de separatividad que origina resistencia y rigidez de posiciones, en lugar de flexibilidad y adaptación.

La comprensión final sobre la evolución consciente se basa en encontrar o redescubrir dentro de nosotros un ambiente de cooperación, unidad y flexibilidad interna, desde donde podemos moldearnos de una manera armónica al resto de la creación como un TODO.

No ofrecer resistencia a la vida es estar en un estado de gracia, tranquilidad y ligereza, un estado que no depende de que las cosas sean de cierta manera, buenas o malas.

Parece paradójico y, sin embargo, cuando desaparece la dependencia interna de la forma, la situación general de tu vida, lo que tiene relación con las formas externas, parece mejorar enormemente. Las cosas, las personas o las situaciones que creías necesitar para ser feliz ahora llegan a ti sin esfuerzo ni lucha por tu parte, y eres libre de disfrutarlas y apreciarlas mientras duren.

Todas esas cosas, evidentemente, seguirán teniendo un final, los ciclos irán y vendrán, pero cuando desaparece la dependencia, desaparece también el miedo a la pérdida. La vida fluye con tranquilidad.

La felicidad derivada de una fuente secundaria nunca es muy profunda. Sólo es un pálido reflejo de la alegría de Ser, de la vibrante paz que encuentras en tu interior cuando entras en el estado de no-resistencia.

El Ser te lleva más allá de los opuestos polares de la mente y te libera de la dependencia de la forma. Aunque todo colapsara y se derrumbara a tu alrededor, en lo profundo de tu núcleo interno seguirías sintiéndote en paz. Puede que no te sintieras feliz, pero al menos estarías en paz.

La rendición es una sabiduría simple pero profunda que implica ceder más que oponerse al flujo de la vida. El único lugar donde puedes experimentar el flujo de la vida es el ahora; por tanto, rendirse es aceptar el momento presente incondicionalmente y sin reservas. Es renunciar a la resistencia interna a lo que es. Resistirse internamente es decir «no» a lo que es mediante el juicio mental y la negatividad emocional. La resistencia suele agudizarse cuando las cosas «van mal», lo que significa que hay una distancia entre las demandas o rígidas expectativas de tu mente y lo que es. En esa brecha anida el dolor.

Si has vivido lo suficiente, sabrás que las cosas «van mal» con bastante frecuencia. Es precisamente en esos momentos cuando tienes que rendirte si quieres eliminar el dolor y el sufrimiento de tu vida. La aceptación de lo que es te libera inmediatamente de tu identificación mental y vuelve a conectarte con el Ser. La resistencia es la mente.

La rendición es un fenómeno puramente interno, que no implica que en lo externo no puedas emprender acciones para cambiar la situación. De hecho, para rendirte no tienes que aceptar la situación general, sino sólo el pequeño segmento llamado el ahora.

Por ejemplo, si mientras vas conduciendo por el campo te quedas atascado en medio del barro, no dirás: «Vale, me resigno a quedarme atascado.» Resignación no es rendición.

No tienes por qué aceptar una situación de vida desagradable o indeseable. Tampoco tienes que engañarte y decirte que no tiene nada de malo. No. Reconoces plenamente que quieres salir de ella, y entonces limitas tu atención al momento presente sin ponerle ninguna etiqueta mental.

Eso significa que no hay juicio sobre el ahora. Por tanto, no hay resistencia ni negatividad emocional. Aceptas el momento tal como es.

Después te pones en acción y haces todo lo posible por salir de la situación.

Eso es acción positiva. Es mucho más eficaz que la acción negativa, surgida de la ira, de la desesperación o de la frustración. Hasta alcanzar el resultado deseado, continúas practicando la rendición negándote a etiquetar el ahora.

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