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La capacidad de declarar quiebres nos permite aprender y evolucionar de una forma más consciente que el permitir que los quiebres sean inesperados. Esto no se contradice a dejar de experimentar las “sorpresas” de la vida, sino más bien a vivir la vida como un eterno misterio a descubrir conscientemente. Es como aprender a surfear y de esa manera disfrutar tanto el mar en calma, como saber cabalgar la cresta de la ola y “saber caer” ante olas que aún no sabemos cabalgar. Ese arte del surf tiene similitudes con el arte de cultivar las competencias emocionales, con las olas, esos movimientos del mar, como ejemplo de nuestras emociones.

La emociones constituyen el diagnóstico de estar ante una situación de quiebre. Cuando surge una emoción, hay un relevamiento de la realidad externa. Las emociones son la guía interna por la cual una persona elige en qué enfocar su atención y en qué no ante la complejidad de la realidad externa. No son las mismas observaciones las que se realizan del entorno en medio de una emoción de alegría que en medio de una emoción de tristeza, por ejemplo. Las emociones también afectan nuestra fisiología (descarga de adrenalina, etc.) y además influyen en nuestras decisiones y maneras de actuar.

El permitirse cultivar competencias emocionales constituye una gran herramienta a la hora de comenzar un camino de evolución consciente, así como una comunicación efectiva frente al entorno.

Emociones:

Literalmente se define la emoción como una agitación, movimiento o trastorno que afecta el plano mental y corporal de la persona.

Goleman utiliza el término emoción para referirse a un sentimiento y sus pensamientos característicos, a estados psicológicos y biológicos y a una variedad de tendencias a actuar.

En esencia, todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado. La raíz de la palabra emoción es motere, el verbo latino “Mover”, además del prefijo “e”, que implica “alejarse”, lo que sugiere que en toda emoción hay implícita una tendencia a actuar. Que las emociones conducen a la acción es muy evidente cuando observamos a niños o animales, sólo es en los adultos “civilizados” en los que tan a menudo encontramos la gran anomalía del reino animal: emociones (impulsos arraigados que nos llevan a actuar) divorciadas de la reacción evidente.

 

La emoción es una energía instintiva, basada en las interpretaciones que uno hace de su realidad, que busca expresión.

Cuando la energía se expresa en forma productiva, el organismo se descarga y retorna su estado de relajación natural.

Cuando la energía queda reprimida, el organismo mantiene un estado de estrés que impide su funcionamiento óptimo. Si tal estrés se acumula mediante instancias repetidas de represión, pueden ocurrir serias consecuencias: enfermedades físicas, como hipertensión, migrañas y úlceras, enfermedades mentales como depresión, ansiedad y fobias, explosiones de comportamiento irracional, o implosiones alienantes.

 

Emociones básicas:

Los investigadores continúan discutiendo acerca de qué emociones , exactamente, pueden considerarse primarias, a partir de las cuales sugerír todas la combinaciones. Algunos teóricos propones familias básicas, los principales candidatos y algunos miembros de sus familias son.

  • IRA: furia, resentimiento, cólera, exasperación, indignación, aflicción, fastidio, irritabilidad, hostilidad, y en el extremo: violencia y odio patológico.
  • TRISTEZA: pesar, melancolía, pesimismo, pena, soledad, abatimiento, desesperación y en casos patológicos: depresión grave.
  • TEMOR: ansiedad, aprensión, nerviosismo, preocupación, inquietud, incertidumbre, miedo, terror y en un nivel patológico: fobia y pánico.
  • PLACER: felicidad, alegría, contento, dicha , deleite, diversión, orgullo, placer sensual, satisfacción, euforia, éxtasis, y en el extremo: manía.
  • AMOR: aceptación, simpatía, confianza, amabilidad, devoción, adoración.
  • SORPRESA: conmoción, asombro, desconcierto.
  • DISGUSTO: desdén, desprecio, aborrecimiento, aversión, repulsión.
  • VERGÜENZA: culpabilidad, molestia, disgusto, remordimiento, humillación, arrepentimiento, mortificación.

A partir de estas familias surgen otras combinaciones como la que se observa en los celos, una variante de la ira que se mezcla con temor y tristeza. Otras como el aburrimiento se pueden relacionar con la desconexión y la apatía y puede discutirse su raíz emocional.

La lista no resuelve todas la preguntas que se plantean acerca de cómo categorizar una emoción.

Cada una de esas familias tiene un núcleo emocional básico, con sus parientes formando ondas a partir de este núcleo en incontables mutaciones.

En las ondas externas se encuentran los estados de ánimo que, son más apagados y duran mucho más tiempo que una emoción ( mientras es relativamente raro mantener el calor de la ira todo un día, por ej., no es tan raro estar de un humos gruñón e irritable, en el que se activan fácilmente arranques de ira más cortos) . Mientras que una emoción tiene una causa concreta, el estado de ánimo no tiene un referente concreto: uno se siente así porque sí. Para modificar un estado de ánimo negativo es necesario encontrar su raíz emocional

Más allá de los estado de ánimo se encuentra el temperamento, la prontitud para evocar una emoción o estado de ánimo determinado que hace que la gente sea melancólica, tímida o alegre.

Todavía más allá de estas disposiciones emocionales se encuentran los evidentes trastornos de la emoción, tales como la depresión clínica o la ansiedad incesante, en la que alguien se siente constantemente atrapado en un estado negativo.

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