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Creación Consciente de tu Realidad – parte 4

¿Quién crea la realidad? Personalidad vs Observador

A esta altura, de alguna manera, ya habrá determinado cuál es su posición con respecto a la idea de que usted “crea su realidad”. Todo el mundo admite que es verdad en cierta medida. La pregunta es: ¿qué tan lejos lo lleva usted? ¿Tan lejos como si ir o no a la heladería, o tan lejos como creer que la hoja que le cae en la cabeza es una creación suya?

Las implicaciones de este principio son enormes. No sólo para nosotros y la vida que vivimos, sino también para vidas mayores: ciudades, estados, países y el planeta. Pero, primero, ¿qué hay acerca de usted?

Sin duda estará de acuerdo en que, de numerosas pequeñas maneras, usted crea su vida cada día. Decide si levantarse o no cuando suena el despertador. Decide qué ropa usar, qué tomar en el desayuno, o quizás pasar por alto el desayuno. Y a medida que se cruza con gente a lo largo del día, en casa, en el trabajo o en la calle, decide cómo tratar a cada uno. Sus intenciones para el día (o su decisión predeterminada de no fijar ninguna intención sino dejarse llevar) afectan lo que hace y lo que experimentará.

En una visión más amplia, toda la trayectoria de su vida es generada por sus elecciones. ¿Quiere casarse? ¿Tener hijos? ¿Ir a la universidad? ¿Estudiar?; ¿qué? ¿Qué carrera? ¿Qué oferta de trabajo aceptar? Su vida no “ocurre” simplemente; se basa en las elecciones que hace —o no hace— cada día.

Pero queda la pregunta: ¿hasta dónde se extiende la construcción de la vida? ¿Tan lejos como esa oportunidad de conocer la chica de sus sueños? ¿Tan lejos como el jefe tirano? ¿Ganar la lotería?’ ¿Y la vida de quién está haciendo USTED, en todo caso? Parece una pregunta tonta, pero el “yo” en “Yo creo mi realidad” es un gran signo de interrogación. Y responderla aporta algo de claridad a toda esta mezcla de la creación.

La física cuántica llevó a Fred Alan Wolf, en los años setenta, a acuñar la expresión “Yo creé mi realidad”. El entonces emergente movimiento New Age adoptó de inmediato esta frase y la hizo parte de su paradigma. Pero, como muchos físicos salieron a decir, en verdad no es un concepto simple de captar en su totalidad.

 

Dice el Dr. Wolf:

“¡Usted no está cambiando la realidad allá fuera. No cambia las sillas ni los grandes camiones ni las topadoras ni los cohetes que despegan. ¡Usted no está cambiando nada de eso!”.

 

 

 

¿Entonces, quién está creando qué?

Para que sea más simple, digamos que es una de dos entidades: una es la personalidad, y la otra, el yo trascendental. Este modo de organizar sus dos yoes nos lleva otra vez a la división: ego/yo verdadero, personalidad/divinidad, hijo del hombre/hijo de Dios, cuerpo mortal/alma inmortal; pero en esencia dice que hay distintos niveles desde donde creamos.

 

El Dr. Wolf continúa:

“Lo primero que hay que notar es que la idea de que usted crea su propia realidad probablemente esté equivocada, si por usted entiende esa persona egotista que supuestamente está controlando sus acciones. Es probable que no sea ese usted en absoluto el que esté creando la realidad”.

 

Dice Amit Goswami:

“Quedó claro que el lugar desde donde elijo crear mi propia realidad, ese lugar de conciencia, es un estado de ser muy especial y no común, donde la separación sujeto/objetos desaparece. Es desde este estado no común desde donde elijo”

 

Tenemos que alcanzar estados de conciencia no comunes, antes de convertirnos en los creadores de nuestra propia realidad.

 

Por eso el concepto de que “la conciencia crea la realidad” trae aparejadas las siguientes preguntas: “¿Qué nivel de conciencia? ¿Qué ‘yo’ está creando?”

 

Según el Dr. Dean Radin, existe una muy buena razón por la cual no manifestamos las cosas directamente:

“Todo lo que hacemos, todo lo que pensamos, todos nuestros planes se propagan y afectan el universo. Según parece, sin embargo, a la mayoría el universo no le importa, y por eso nuestros pequeños pensamientos individuales no salen inmediatamente a cambiar el universo como lo vemos. Me imagino que si ese fuera el caso, si cada uno de nosotros fuera tan poderoso que nuestros efímeros antojos afectaran el universo, nos destruiríamos casi al instante”.

 

La falta de gratificación inmediata en la creación de nuestra propia realidad podría ser para protegernos de nosotros mismos.

Ahora bien, de los deseos que surgen, ¿cómo sé cuáles están basados en el ego y cuáles en el alma? Los deseos que surgen de la parte espiritual suelen ser un poco raros, no tradicionales, locos o extraños, cuando se comparan con nuestras rutinas normales.

Desde el punto de vista neurológico, parece ser que la pregunta es la siguiente: ¿La elección proviene de una red neuronal existente o de la corteza frontal? ¿Aprovechamos esa aleatoriedad cuántica para permitirnos elegir algo nuevo o somos la máquina mecánica que realiza todo sobre la base de condiciones preexistentes (antiguas)?

Se pueden encontrar algunos ejemplos importantes a esta pregunta en los relatos de alumnos y maestros espirituales. En muchas de estas relaciones, el maestro es la voz de la naturaleza espiritual dormida del alumno. La idea es que al estudiante, por sí solo, le llevaría un milenio escuchar su voz interior, de modo que el maestro realiza la tarea de comunicársela por él.

En general, pensamos que la guerra es mala, ¿verdad? Pero en el ejemplo de Krishna, él conduce el carro de guerra de Arjuna y le dice que es su tarea espiritual ir a luchar con los Kurus.

Otro ejemplo es el relato budista sobre Marpa y Milarepa, que construyeron una inmensa casa de piedra. Al finalizarla, Marpa hizo que Milarepa colocara nuevamente todas las piedras en el lugar de donde las había tomado, deshaciendo toda la casa. Esto puede parecer loco, pero no tanto como el hecho de que repitieron esta situación cuatro veces más.

Don Juan hizo que su alumno Carlos Castaneda, cuyos libros para entonces ya eran best-sellers, trabajara cocinando hamburguesas en una cafetería durante meses. ¿Tenía Don Juan la intención de alcanzar la iluminación por medio de hamburguesas y papas fritas? Sucedió que al cabo de unos meses apareció una joven y hermosa mujer buscando a Carlos. Carlos permaneció en silencio hasta que se estacionó una gran limusina. La mujer dijo entonces: “Pero si es Carlos” ante lo cual Carlos comprendió cómo todavía ansiaba la fama, y en ese momento comprendió cuál era su verdadera esencia.

Con frecuencia es esa voz que proviene del aspecto trascendental, ese loco deseo de sabiduría, lo que logra una transformación que nadie habría podido adivinar. Por eso es tan importante no juzgar los deseos, sino observarlos detenidamente antes de elegir. Y luego surge la elección.

 

“El libre albedrío reside en nuestra corteza frontal y podemos entrenarnos para hacer elecciones más inteligentes y ser conscientes de las elecciones que hacemos. Y creo que lleva práctica, distintas clases de prácticas. Podemos ir al gimnasio y ejercitar nuestros bíceps o podemos ejercitar muestra corteza frontal con yoga, meditación y otras prácticas” nos dice la Dra. Pert.

 

Victimización: cura para la realidad actual

Ciertamente, cuando Ud. pide esa primera taza de café a la mañana, está bastante claro que quien decidió sobre el capuchino doble es la “persona egotista” o la personalidad, y no el yo trascendental, inmortal. Y que cuando el árbol cayó sobre su brillante auto nuevo la personalidad no tuvo absolutamente nada que ver con eso.

La mayoría de las veces, las personas rechazan la idea de “yo creo la realidad” cuando ocurre algo en su vida que absoluta y positivamente jamás crearían. “ Yo nunca crearía esto!”. Es cierto; ellas (la personalidad) nunca lo harían; pero, como sostienen todas las tradiciones religiosas, hay más de un “usted”.

Percibirse a sí mismo como una víctima es posiblemente el rechazo más fuerte de “yo creo mi propia realidad”. Y ocurre todo el tiempo. La víctima dice: “esta situación me sucedió, es injusta e inmerecida”. Los corolarios de esto son: “pobre de mí. El universo es injusto. El karma es una operación caprichosa, que ocurre parte del tiempo”.

El lado positivo de esta actitud es: usted consigue compasión, logra sentirse bien consigo mismo porque no es usted, y puede anular la experiencia y no lidiar con su parte en ella.

El lado negativo es: acaba de apoyar la idea de que usted no crea su realidad (y, por lo tanto, no tiene poder para hacerlo) y recibirá la lección una y otra vez… Es también fragmentarse de la realidad. Saca al Creador de la Creación.

 

¿Cómo funciona?

Lo llaman “karma”: de hecho creamos, en algún momento en el pasado, ya sea reciente o remoto, todas las condiciones con las que nos enfrentamos en esta vida.

Pero ¿cómo interactúan todos los karmas de todas las personas del mundo?

¿Cómo encaja todo esto?, ¿Cómo ocurren esas “coincidencias” felices (e infelices) que a menudo son precursoras de un nuevo mundo?

¿Quién dirige la computadora que puede mantener todo esto en orden, para seis mil millones de seres humanos?

El universo ES la computadora. No dualidad. Y no precisa “funcionar”. Está conectado, entrelazado de tal modo, que se encuentra enganchado a todo y se crea a partir de todo. No responde a nosotros: es nosotros.

El modelo dualista del karma dice: “Yo golpeé a Bob, así que alguien me golpeará a mí’”. Es una manera muy “causa – efecto” (también conocida como “newtoniana”) de ver este fenómeno. Pero desde el modelo entrelazado, no dualista, es distinto. Dice que la acción o pensamiento (que son la misma “cosa”) surgen en una parte de mi conciencia. Hay una determinada frecuencia o vibración asociada a esto. Al tomar la acción, yo respaldo esa realidad, de modo que ahora estoy conectado al universo por esa frecuencia o vibración. Todo “allá fuera” en la misma frecuencia responderá a esto y entonces se reflejará en mi realidad.

De acuerdo con esta noción, todo en su vida —gente, lugares, cosas, tiempos y acontecimientos— no son más que reflejos de sus vibraciones distintivas. Según Ramtha, “Todo en su vida tiene una frecuencia específica según quién es usted”. Así que, si quiere saber “ Quién soy?”, tan sólo mire a su alrededor; el universo siempre está dando la respuesta.

El problema es que nuestras partes ocultas y reprimidas también se reflejan, y las reprimimos porque no nos gustan. Son esos reflejos los que nos hacen decir: “Yo nunca crearía eso”. Y es eso lo

que se sigue reflejando una y otra vez hasta que lo comprendemos. Esta es la rueda del karma. La rueda de la no-fortuna.

 

El gran cambio en la evolución consciente

Así como la victimización es el mayor rechazo de la premisa: “Yo creo mi realidad”, “Admito la realidad” es la mayor aceptación de la misma. Es un giro monumental en la manera en que alguien enfoca el mundo y sus experiencias en él. La victimización y la impotencia que enjuicia se van de la vida. En cada situación surgen preguntas: “¿Dónde estoy o qué soy yo en esta situación? ¿Qué se refleja de vuelta, hacia mí? ¿De qué nivel de ‘yoidad’ proviene esto?”

El cambio de actitud es — en lugar de pedirle al universo que demuestre que usted crea la realidad, para poder sentarse en el cerco y aceptar o rechazar lo que ocurre — aceptar como un hecho que su vida y lo que acontece en ella son creados por usted y, por lo tanto, buscar el significado en ellos. Y por “significado” entendemos no un significado filosófico, cósmico, sino que apuntamos más bien a qué significa esto con respecto a quién es usted, o qué está creando, o qué está negando en su vida. ¿Está buscando un cambio en su vida? Haga este cambio y observe cómo se transforma ante sus numerosos “yos”.

 

La meta de la iluminación es borrar esta fragmentación del yo y crear a partir de una fuente. Es expandir nuestra conciencia hasta que somos conscientes de todas nuestras creaciones.

 

Y aceptar que “soy yo quien crea” es una herramienta sorprendente para esa expansión. Porque, si es cierto, entonces cada vez que usted rechaza su parte en la creación de la realidad, está rechazando y negando una parte de sí mismo. Así, la fragmentación continúa. De hecho, según los iluminados, su mitad espiritual crea estas realidades con el solo fin de llegar a ser un todo. Hay cosas que usted debe experimentar para crecer, que podrían no ser la primera elección de su ego/personalidad.

 

“Las personas siempre están culpando a sus circunstancias por lo que son”, dijo el gran dramaturgo británico George Bernard Shaw. “No creo en las circunstancias. La gente a la que le va bien en este mundo son personas que se levantan y buscan las circunstancias que quieren, y si no las encuentran, las hacen”.

 

Crear nuestro día

¿Cómo hacemos las circunstancias?

¿Cómo hacemos esas coincidencias que tienen un efecto enorme en el curso de nuestra vida?

En relación con experimentos realizados para crear un cambio del pH del agua, William Tiller dice:

“La cuestión es si hacemos una declaración detallada de intención, o si la hacemos de tal manera que la dejamos abierta para que el universo encuentre una forma de hacerla. Generalmente, es lo segundo’.

 

En otras palabras, en vez de dictar todos los pasos que tiene que atravesar el agua para cambiar su pH, como la reorganización de enlaces químicos, intercambio de iones, etc., lo que hacen las personas que practican meditación en los experimentos del Dr. Tiller es concentrarse en el resultado y dejar que el universo provea los detalles.

El “cómo” es manejado por el inmensamente interactivo universo superinteligente que, de manera automática, responde a la conciencia porque eso es lo que es.

Ramtha enseñó la técnica de “Crear el día” a sus alumnos por primera vez en 1992 y es una de las piedras angulares de la escuela de Yelm, Washington: “Ningún maestro que se precie deja alguna vez que el día le ocurra; por el contrario, crea su día”

 

Lo siguiente es parte del DVD Ramtha: Create Your Day

“Le ha sucedido alguna vez que, en el momento en que se despierta, no sabe quién es? ¿Ha notado cómo mira alrededor de la habitación para orientarse y que, lo que es realmente sorprendente, cuando ve a la persona que está a su lado, por esa fracción de segundo no sabe quién es? Creo que deberíamos prestarle especial atención a eso. Transcurrimos los momentos siguientes antes de salir de la cama reorientándonos, revinculándonos con una identidad que, por un momento, ni siquiera tuvimos, y la identidad es esa cosa que comenzamos a formar cuando miramos a la persona a nuestro lado. Entonces nos incorporamos, empezamos a rascarnos el cuerpo… y luego, nos levantamos y vamos al baño, y en el camino nos miramos. ¿Por qué hacemos eso? ¿Por qué se queda mirándose? Porque está tratando de recordar quién es. Todavía es un misterio.

Pero si tiene que recordar quién es y los parámetros de su aceptación y el cerco de su duda, si tiene que pasar por el ritual cada día para recordar quién es, ¿cuáles son las posibilidades de que su día resulte único? Muy pocas en realidad. Pero ¿qué tal si…, antes de intentar recordar quién es, recordara qué quería ser?, y quizá eso sucediera primero, antes de ver a su compañero, antes de rascarse,

antes de tambalearse fuera de la cama, asustar al gato y mirarse en el espejo. Si antes de hacer todo eso, recordara: “Antes de que me vincule al ritual de mi red neurona!, voy a crear un día que sea fabuloso, que sume algo a mi red neuronal, que sume algo a la experiencia de mi vida”, y lo creara: esto es crear su día.

Ese momento en que todavía no es quien es, es el momento más sublime, en la medida en que en ese momento ve lo extraordinario, puede esperar y aceptar lo no ordinario, puede aceptar un aumento de sueldo hoy. Si se convierte en sí mismo, su expectativa de un aumento de sueldo disminuye en gran medida. Usted y yo lo sabemos. Pero en este estado único de no-contundencia acerca de su identidad, usted puede crear de todos modos.

Así que les digo a mis alumnos: Antes de levantarse y recordar quiénes son, creen su día. Entonces, después de que crearon su día, su rutina cambiará. Serán personas levemente distintas al observar el inodoro, al mirarse en el espejo. Habrá algo distinto acerca de ustedes, y eso es algo maravilloso”

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